sábado, 11 de marzo de 2017

Investigación a partir de cuatro grabados

A finales del siglo XVIII reinaba en España Carlos IV, el cual había dejado el gobierno en manos de su primer ministro Manuel Godoy. Desde 1789, los acontecimientos de la revolución francesa eran seguidos con preocupación en la corte española. Ante la noticia de la ejecución de Luis XVI (rey de Francia), España declaró la guerra a la Francia revolucionaria. Más tarde, España se alió con Francia. En esos momentos, Napoleón había dictado el bloqueo continental contra Gran Bretaña, pero Portugal, tradicional aliado de los británicos, se negó a cumplir el bloqueo. Para poder someter a Portugal, Napoleón firmó con Manuel Godoy el tratado de Fontainebleau, por el que el ejército francés entraría en la península con la intención de conquistar el país vecino. Pero la verdadera intención de Napoleón era apoderarse de España y darle el trono a su hermano José Bonaparte. El pueblo español, harto de la presencia de las tropas y el rey extranjero, se sublevó contra los franceses el 2 de mayo de 1808 dando comienzo a la guerra de independencia (1808-1814).

Los grabados que describiremos a continuación pertenecen a una serie de 82 pintados por Goya como parte de su colección Los desastres de la guerra.  En ellos se muestra la visión más cruda y penetrante del conflicto, representando las escenas que vivía en su día a día.



Grabado Nº 2 Con razón o sin ella

En este primer cuadro podemos observar como dos soldados españoles se enfrentan a tres franceses, alineados como si de un pelotón de ejecución se tratase. Uno de los españoles, que sangra abundantemente por la nariz, sujeta en sus manos un puñal y alza su rostro con gallardía. El otro, situado en el fondo, mira con una expresión en la que se funden el dolor y el miedo al tiempo que empuña una lanza. Mientras todo esto sucede, al fondo, varios personajes estaban intentado evitar una posible lucha, quizá para no correr la misma suerte de quienes van a ser ajusticiados. En realidad no servirían las frágiles armas con que los españoles se enfrentan a las bayonetas galas que eran la de los franceses, armas mucho más poderosas que las de los españoles.

Mediante este enfoque Goya nos muestra, tanto en esta imagen como en otras muchas, Los Desastres de la guerra, que frente al ejército francés que disponían de armas bastante eficientes, el pueblo español utilizaba su valentía ya que era su mayor arma puesto que carecían de cualquier tipo de material. Quiso representar de espaldas a los verdugos, tal vez para darnos cuenta de que la violencia no tiene una procedencia sino que proviene de toda persona que la infringe. También ha querido crear un escenario donde no se represente ningún elemento de cualquier bando porque pretendía mantener el anonimato del lugar donde se estaban produciendo los hechos.


Este grabado se relaciona con el Nº 3, titulado Lo mismo. El pintor establece una semejanza de este grabado con la siguiente escena en la que se produce la situación inversa, es decir, unos españoles luchan con los soldados franceses. Nos quiere hacer entender que no puede justificar a ninguno de los dos bandos, ya que no puede llegar a comprender las batallas por tanto no puede exculparlos de la violencia.



Grabado Nº 3 Lo mismo

Lo primero que podemos observar es a un hombre que levanta un hacha con sus dos manos al tiempo que abre su boca para pronunciar un grito. Se trata de un español que se dispone a decapitar a un francés que se encuentra en el suelo. Detrás de estos dos personajes, el pintor ha intentado describir a un grupo de personas que están luchando y los cuales están teniendo diferentes suertes. Uno de ellos, un soldado francés que empuña una espada se defiende del ataque de un español, más atrás un español a horcajadas sobre un soldado se dispone a golpearle. La fuerza de los españoles les hace imponerse al enemigo.

En este grabado Goya continúa el tema propuesto en el anterior, Con razón ó sin ella, y traza entre ambas obras una relación de similitud que le sirve para exponer que estas dos escenas son en realidad las dos caras de una misma moneda: la violencia. Como bien hemos dicho anteriormente, el autor encuentra injustificable esta batalla donde están habiendo tantas víctimas, no toma partido ni por los españoles ni por los franceses.


Goya con todas estas barbaridades que pudo observar quedo bastante afectado y las quiso representar en otros cuadros. Quedo traumado con todo el canibalismo que vivió y además de representarlo en estos cuadros, también lo quiso hacer en Caníbales preparando a sus víctimas y Caníbales contemplando restos humanos. Para plasmar esta situación, quiso hacer lo siguiente: los ojos redondos de expresión perdida, la cara fuertemente demacrada con los pómulos marcados y la boca abierta dan un aire primitivo al personaje que le emparenta con los seres antropófagos. Esta es una manera de captar la atención del expectante para darse cuenta de los actos tan irracionales que se estaban produciendo, tanto del español que mata a un soldado francés como de los caníbales que despedazan cuerpos humanos. Además, la postura del hombre que sujeta un h7acha tiene bastante que ver con la posición del personaje que está de espaldas en su obra La fragua del que se conserva un dibujo preparatorio.


Grabado Nº 7 ¡Qué valor!

En este grabado se muestra a una mujer de espaldas preparando un cañón. La protagonista de esta escena ha sido relacionada con Agustina de Aragón, quien intervino en el primer sitio de Zaragoza y destacó en su defensa contra el ataque francés en el año 1808. También es posible que sea una representación de Manuela Sancho y Bonafonte, quien de igual manera participó en la defensa de la ciudad. Existe otra estimación y es que podría ser una imagen que se refiere a todas aquellas mujeres que tomaron un papel activo en la guerra y defendieron su país, motivo por el que Goya ha preferido colocarla de espaldas sin mostrar su rostro.


Es uno de los grabados más serenos de la serie en el que no se ven actitudes violentas o situaciones extremas, pues a partir de esta tranquilidad pretende que nos olvidemos del intenso dramatismo que encierra la imagen. Nos hace pasar por alto que estamos ante una guerra y que la mujer se encuentra al lado de diversos cadáveres apilados.

Por último, como curiosidad, se conoce un grabado anónimo análofo al de Goya en el que se ve a una mujer junto a un cañón, a cuyos pies se encuentra el cadáver de un hombre que se dispone a coger pólvora para cargarlo. En resumidas cuentas, tanto Goya como el autor de esta estampa, narran una circunstancia similar, aunque el pintor anónimo confiere a su obra un tono heroico del que está exento el grabado de Goya.


Grabado Nº 19 ¡Ya no hay tiempo! 

En este grabado observamos a un grupo de soldados mamelucos sorprendiendo a unos españoles. Vemos que uno de ellos ha muerto por defender a las mujeres que les acompañan. Además, otro español está a punto de ser asesinado con una espada, mientras que la mujer que se sitúa en el centro se coge a la mano del mameluco intentanto impedirlo. Al mismo tiempo, esta se está encarando a uno de los agresores, mientras que la que está junto a ella junta sus manos en un gesto de súplica. Al fondo, otra mujer ha sido aferrada por un soldado turco. La acción no llegará a ser consumada porque el mameluco que se encuentra de espaldas al espectador alza sus manos y, tal y como dice el título, "ya no hay tiempo" porque algo está obligando a los soldados turcos a abandonar el lugar. Las mujeres parecen haber tenido suerte en este caso, pues han conseguido evitar la brutal violencia a la que son sometidas en otros muchos grabados de la serie Los desastres de la guerra.


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